Búscalas: experiencia creativa en el marco de la campaña de Amnistía Internacional

El miércoles 29 de abril realizamos la acción escénica de la campaña Búscalas de Amnistía Internacional junto a Flora Tristán. Para llegar a la acción, previamente me compartieron material técnico que, al leerlo, aparecían en mi mente imágenes, vestuarios, acciones y secuencias.

Cada vez que creo acciones escénicas nunca sé qué puede funcionar de todo lo que imagino, porque como coordinadora escénica o directora decido dejarme permear por las personas con las que trabajo, considerando ante todo sus capacidades, sus corporalidades e intereses. Y en esta ocasión no sabía quiénes serían las participantes.

En las metodologías creativas que desarrollo para llegar a productos escénicos, ya sea una obra, cápsula escénica o intervención, armo dinámicas y busco juegos que acompañen o guíen el camino en la búsqueda del resultado que imagino. Muchas veces, cuando veo a las participantes en estas dinámicas, visualizo cosas que no tenía pensado y las sumo, confiando en mi intuición y en las de ellas, que llegaron ahí a partir del juego o dinámicas previas. Hablo de “ellas” porque particularmente en este grupo todas se identificaban así.

Me apasiona trabajar con historias propias de las personas que participan en los talleres creativos. En este caso propuse partir de historias y del análisis hecho por Amnistía Internacional y planifiqué la acción “Búscalas” en 4 momentos claves.

El acercamiento con las participantes implicó reuniones virtuales antes de nuestros dos encuentros presenciales de tres horas cada uno. Compartí dos reuniones, una para las activistas de Amnistía Internacional, donde conocía casi a todas de un taller previo. Recuerdo de ese taller que a un grupo le pedí que escribieran los nombres de mujeres y niñas desaparecidas en Perú. Pasaron unos minutos y les consulté cómo iban, a lo que me respondieron “no hay tantas”. Yo, sorprendida, intuí que no estaban viendo una página oficial y les compartí la del Ministerio del Interior. Al cabo de un momento me acerqué para ver cómo iban y me dijeron “no nos entran más nombres, no imaginamos que había tantas mujeres y niñas desaparecidas”. Y ahora me las encontraba en este proceso creativo.
La segunda reunión virtual la realicé para las voluntarias de Sacharuna ONG, donde realmente conocía a tres de ellas. 

Durante la semana previa a encontrarnos físicamente fui en búsqueda de telas rojas, telas blancas, costureros, pintor de letras, cintas, colet y también de zapatos y vestidos.

Nuestro primer encuentro fue el sábado 25 de abril. De las 15 participantes, solo 3 tenían experiencia escénica. Iniciamos explorando nuestro cuerpo para luego encontrarnos con las compañeras y jugar. Esto permitió generar un vínculo entre las participantes, identificarse entre ellas y entrenar para lo que se venía. En un break leímos la campaña Búscalas y luego les propuse realizar dos grupos para crear imágenes colectivas. El primer día logramos avanzar sobre los momentos 1, 2 y 3. Cerramos el espacio de una manera emotiva, porque realmente lo dieron todo. Y cuando digo todo me refiero tanto a lo físico como a lo emocional, superando momentos de frustración o incertidumbre que pueden surgir cuando estamos en etapas de exploración.

El segundo día, domingo 26 de abril, reforcé a través de dinámicas las capacidades que necesitábamos para la acción, como las miradas, las pausas y la fuerza de nuestras voces. Recuperar la risa a pesar de la tristeza, y las invité a mirar la lucha desde la alegría de estar juntas cuando todo lo que sabemos realmente es una mierda. En este segundo día logramos pulir detalles de los momentos 1, 2 y 3, crear el momento 4 y repetir todo unas ¿8 veces? a más. Cerramos con un rico almuerzo y expectantes al miércoles 29 de abril.

Un día antes del evento fuimos con una de las compañeras de Amnistía a conocer el salón del hotel donde sería la acción y nos encontramos con una distribución que no habíamos imaginado. Realicé videos explicando al grupo cómo adaptaríamos la acción.

Llegó el miércoles 29 y desde las 7 am las chicas comenzaron a llegar al hotel, donde nos encontramos con nuevos cambios en la distribución del mobiliario, pero por suerte nos dieron un salón para estar y lo aprovechamos, limitando el espacio como si fuera el salón real. Así pudimos ensayar y realizar adaptaciones en simultáneo con el evento.

A las 10 am nos avisaron que en 5 minutos íbamos a entrar. Armamos una fila y yo no podía dejar de mirarlas a todas juntas. Estaban hermosas y se los hice saber, pero sobre todo estaban poderosas y muy potentes juntas. Entramos, cada una hizo lo que vino a hacer, con compromiso, emociones y con todo su cuerpo entregado a la acción.

Hicimos la acción en el salón donde estaban abogados, abogadas, periodistas, familiares de mujeres desaparecidas y víctimas de feminicidio, entre otras personas. Luego lo hicimos en el parque Kennedy de Miraflores, donde estaban los transeúntes que paraban a mirar y a escuchar. Y donde un hombre, a manera claramente de provocación, se atravesó en el medio de nosotras. No es la primera vez que en una acción de calle pasa algo así, pero es justamente lo que venimos a denunciar. También nos encontramos con voces de mujeres que nos preguntaban “¿están acá por las mujeres violadas? Porque yo soy una, soy una”, y otras mujeres que asentaban con la cabeza al vernos pasar. Algunas nos decían “por fin, tenemos que buscar a todas”.

Cuando decidimos cerrar la acción, conversamos brevemente entre todas y nos contábamos las cosas que nos dijeron y escuchamos. Yo las miraba y veía que este no fue solo un aprendizaje técnico sobre artes escénicas, sino que realmente lograron integrar y vivir el arte como herramienta de transformación social, pudieron generar espacios de cuestionamiento, identificación y provocación. Además de compartir información y sensibilizar. Y sobre todo vi que no eran las mismas participantes del inicio, ahora estaban atravesadas por toda esta experiencia.

Estoy muy agradecida con las chicas porque me permitieron guiar y confiaron en mi mirada.

Si quieres conocer sobre Búscalas, puedes revisar esta pagina: https://amnistia.org.pe/buscalas/#Inicio

¿De dónde SOS?

“¿De dónde sos?” Es la pregunta que más me incomoda. Cómo decirte que soy de varios lugares a la vez.
Doy una sonrisa, tomo aire e ingresan todos mis recuerdos. Aunque no quisiera, me demoro siempre unos segundos para contestar. Segundos que son aprovechados por la persona que me preguntó para decime, “de Buenos Aires, no sos”

Por lo menos me doy cuenta que pueden identificarme como argentina, aunque algunxs a simple vista me dijeron que pensaban que era española, otres directamente se dirigieron a mí en inglés, por suerte no es tan difícil darse cuenta que soy la peor entendiendo otro idioma.

La neta, como dirían en México, es que soy una argentina provinciana. Tengo una mezcla no voluntaria de ritmos al hablar y palabras que se me pegan o me divierten.

Nací en la provincia de San Juan, pegadita a la cordillera de los Andes. Donde las personas hablan tan dulce como las uvas negras de sus tierras. Luego, crecí en la provincia de Tucumán, donde jugaba en los cañaverales y andaba en bici por campos de limones. Una provincia de mucha resistencia y lucha. Tantas cañas en los campos como personas en las marchas.

Me criaron entre idas y vueltas, entre rutas y provincias, a las cuales no puedo renunciar.

Cada vez que iba a San Juan me decían “ahí viene la tucumana” y cuando iba a Tucumán me decían “ahí está la sanjuanina”.

Ya de pequeña me planteaba de dónde era, y mis padres me respondían: -¿Vos de dónde querés ser?

-¡De los dos lugares!

Por esa razón comencé a mencionar a las dos provincias en mis respuestas. Algunxs amigxs me decían que no sea jodida, que diga solo Tucumán. Cuando me decían eso se me venía a la cabeza toda mi familia, ¿cómo negar de dónde vengo?

Hace una semana, me llamaron de una radio tucumana, el conductor había sido amigo mío en la secundaria y me presento:

“Melina es sanjuanina, por adopción Tucumana, y ahora vive en Lima, Perú.” Me dio tanta alegría que resuelva en una oración mi identidad.

Anoche soñé con la frase de Eduardo Galeano que dice que estamos hechos de historias. Y cuando desperté me di cuenta que también estamos hechos y hechas de todos los lugares que hemos habitado.

#transfronteriza.

Filadelfia

A mis pocos años de edad, con esta película descubrí la discriminación por ser gay y por tener Sida. Me invadía la tristeza y la bronca. Hoy puedo ver que en la peli juntaron dos temas que en esos momentos, los años 90, lo relacionaban y daban casi por hecho que ser gay era tener VIH o sida. Ahora quiero dar por sabido que todos entendemos que no son sinónimo, como tampoco es lo mismo vivir con el virus  que tener la enfermedad.
Con el final de Filadelfia era imposible no llorar. Me recordaba en el hospital  despidiéndome de  Daniel, el mejor amigo de mi madre. Ella nos llevó para darle el último abrazo y agradecimiento por acompañarnos con sus dibujos y todo su arte en nuestra niñez. Por ahí mi mente es cruel, me hace pensar que si él se hubiera enterado muchos años antes, seguro estaría con nosotros. Pero quizás no accedió a sus cuidados por miedo a ser estigmatizado y  discriminado. La película otra vez en mi vida.
Crecer con esta peli seguro aportó en la forma de vida que quiero llevar. Como dice Andrew, el protagonista de Filadelfia, cuando le preguntan sobre el derecho:
“A veces, no muy a menudo, uno puede participar en el hecho de hacer justicia y cuando ocurre, es emocionante”
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Cuando era adolescente, conocí a una persona que se convirtió en mi tío favorito. Era compinche y me apoyaba en mis locuras. Yo lo admiraba por estar ORGULLOSO de la persona que era, tanto que no podía aguantar a nadie que le hiciera un comentario homofóbico que intentara opacar su luz.
Años después, a un mes de declarada la ley 26.618 , mi tío Gus se casó convirtiéndose junto a su compañero en la primera pareja gay en contraer matrimonio en Mar del Plata y la segunda del  país.
Su historia quedó registrada en los periódicos argentinos como una  historia de amor y tragedia.  Yo quiero pensar que la emoción de conseguir sus derechos  a los 40 y pico de años fue la causante de ese corazón que desbordó de felicidad, convirtiendo a mi tío en esposo y viudo a la vez.
El tío Gus, años después también se fue. Y yo me quedé con las ganas de volverlo a ver.  Hoy  me enteré que ,al igual que Daniel,  el tío Gus tampoco accedió a medicamentos y lo que comenzó como un virus se transformó en su enfermedad. Y una vez más, la película en mi vida.
Su energía y alegría quedó en mí, como quedó su voz grabada en el último audio que me envió diciéndome  “Buen día Princesa”
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Una vida con pelos

Podría casi asegurar que a los niños les divierte mucho jugar con perritos. Yo siempre quise tener uno.


Todas mis amigas tenían perros y cada vez que las buscaba, miraba con atención las acciones que hacían y las palabras que usaban para poder abrir la reja sin que se escapara el boby. Yo quería lo mismo. También quería abrir la puerta de mi casa con cuidado para que mis perros no se escaparan y para que me saltaran al entrar o al salir.


Lo deseaba tanto pero tanto, que inflaba globos. Sí, globos. Inflaba la misma cantidad de globos que deseaba tener de perros. Cada globo era un perro adentro de mi casa. Cuando mis amigas me iban a buscar, yo también corría a los míos y cuidaba de que no se escaparan ni se pincharan. ¡Mis perros eran muy rebeldes!


Una tarde, durante mis carreritas en bicicletas, la vecina de la vuelta me regaló un ovejero belga marrón de ojos celeste, gordo y peludo ¡Hermoso! Esa noche el perro no durmió en mi cama como yo quería. Lo dejamos afuera y se acostó debajo de las ruedas del auto de mi papá. A la mañana siguiente, ya se imaginarán lo que pasó.


Meses después me dejaron cuidar perritos pero luego se tenían que ir a otras casas. Un vecino tenía muchos dálmatas, y me permitía jugar con ellos. Yo me sentía en la peli, obvio.
Hasta que un día llegó Bronco, era un ovejero alemán que me acompañaba en mis caminatas por la montaña cada vez que íbamos a El Mollar. Me acuerdo que yo le colgué la virgen de la Guadalupe en su cuello. Era el collar que me había traído de México uno de mis noviecitos.


Por mi vida pasaron varios perros: dos Bronco, dos Brea, Zan, Drago, la Chiquita y el Jack. A los dos últimos, todavía los siento vivos. Guardo una carta de mi mamá donde pegó la huella de la Chiquita, grabada con barro por idea y acción de mi hermano. Ahora todos vivimos en diferentes lugares y cada uno tiene sus perros, menos yo.


Me había jurado no tener nunca más un animal: quería dormir sin pelos y sin saber que tenía que darle de comer a alguien. Hasta que un día salí de ensayo y se apareció una cosita pequeña y peluda. Mi taxi llegó, yo agarré a esta cosita peludita, me subí y le dije al taxista:


-Señor, llevo a un gatito ¿Todo bien?


Me acomodé en el asiento trasero, indiqué la dirección de mi casa y el taxi avanzó.

Calma

Son las 6 de la mañana, hace calor y el sol está cada vez más presente. Recostada en la arena cierro y abro los ojos, hasta dejarlos entreabiertos. Siento el olor a sal y el fuerte sonido del mar. Unas gaviotas enormes vuelan sobre mí.

Con mi cuerpo entregado a la arena, miro el cielo por la rendijita de los ojos y veo a  las nubes moverse rápidamente. Son de todos los tamaños y colores, parece que están de viaje. Todas son pasajeras y están camino al encuentro con el mar, allá a lo lejos donde ambos se unen.

Todo se ve inmenso y yo tan pequeña, que desde arriba, seguro no pueden distinguirme entre los granitos de la arena. Soy apenas un fragmento, soy algo tan chiquitito entre tanta inmensidad. Respiro profundo: soy sólo una parte del todo.

Desde la humedad de la arena, siento como si estuviera dentro una gran bola de cristal, parecida a las que se ven en las películas inglesas por la Navidad, pero esta es una Navidad latinoamericana.

Todo se mueve por su propia naturaleza y yo aunque intente quedarme quieta, siento el movimiento de mi corazón, el de mi respiración. Y me siento  tan viva como ellos, como el mar, el cielo, las nubes viajeras y como la gaviota que no para de cantar.


(Postal de Calma)
( Texto creado en Mandarinas bajo el sol )

Marcos

No sé qué habré pensado cuando naciste. Sospecho que te miraba de lejos sin entender el movimiento de tus brazos y patitas gordas. Seguro observaba y no podía comprender cómo los mismos brazos que me calmaban, ahora, estaban ahí para calmarte a vos.

Con el tiempo fui entendiendo sobre el sentido de la palabra “Hermanos” y me recuerdo afirmando con fuerzas “él es mi hermano” y lo digo ahora en distintos tonos, para traer a mi memoria el sonido de la frase en las diferentes etapas de la vida:

De niños, entrabas a mi aula, te sentabas conmigo y yo le decía a la seño “él es mi hermano”. Como si no lo supiera. Luego,un poco más grandes, nos encontrábamos en alguna fiesta y varias personas me preguntaban si eras mi novio a lo que yo respondía “él es mi hermano”. Ahora cuando reenvio tus videos con música a mis amigas, les digo orgullosa “él es mi hermano”.

El tiempo pasa, la palabra persiste, pero cambia de sentido cada vez. Según el diccionario hermanos es ”Persona o animal, considerados con relación a otro, que es hijo de los mismos padres o al menos del mismo padre o de la misma madre”. Pero para mí fuiste mi gran compañero de juegos y aventuras, eso es antes que nada hermandad.

Jamás olvidaré cuando te acostaste sobre la mesa para dejarme que te dibujara todas las venas del cuerpo con diferentes lapiceras de colores. Vos estabas todo rayado y yo feliz, hasta que llegó la mamá.

Desde pequeña, admiro tu imaginación y convicción. En esas épocas, estabas convencido de encontrar un dinosaurio enterrado a la vuelta de la casa, fui testigo de tu riguroso trabajo de excavación para descubrir restos arqueológicos. Luego fué aprender guitarra, italiano, historia, dibujo, cerámica y practicabas en la casa mientas yo bailaba en el living o ensayaba textos en voz alta.

Las personas que te conocen, quizás piensen que no hablas mucho, pero yo estoy segura que el sonido de tu guitarra siempre fue la voz que sale de tu alma, el ritmo de tus emociones. Tus palabras son precisas, dichas con amor y respeto, incluso cuando estás enojado, admirable capacidad. Sentir tu voz cantada en el audio que me enviaste hace un par de semanas, fue una gran dosis de felicidad.

Tengo la dicha de disfrutar tu presencia, tan fuerte y amable, cuando manejo o simplemente cuando miramos el río. Y me gustaría poder disfrutarla más.

Por el momento, debo confesarte que en mis sueños, somos vecinos y que cada uno tiene una casa igualita, una al lado de la otra. En la tuya hay música y en la mía teatro, y compartimos el fondo, las plantas y el lavadero.

También proyecto que pronto pasemos un verano en nuestra querida pileta, esa misma que llenábamos de globos cuando éramos niños y luego se llenó de cervezas.

Cada vez que extraño tu presencia, tu voz aparece en mi cabeza y escucho la frase que me decías, esa misma que por ahí se volvía súplica cuando me mandaba una macana:
“Portate bien, Mel”

Y vuelvo a reír.

Tú hermana, que te ama.

Niñez y Diversidad

Sonaba la marcha de San Lorenzo y su ritmo marcaba los pasos de todos mis compañeros que salían del colegio para sus casas. Yo los escuchaba desde mi pupitre mirando la pizarra, que en ese tiempo era negra y estaba escrita con tiza blanca.

En clases, la maestra preguntaba si todos habían terminado de copiar y se escuchaba casi como  unísono  la respuesta afirmativa de mis compañeros; dando así pase libre al borrador de madera.Aunque no había logrado copiar las letras de la pizarra en mi cuaderno azul de hojas gruesas Rivadavia.

Las maestras pensaban que era lenta porque era zurda, que leía y escribía mal  porque era distraída. Y citaban a mi mamá para decirle:  “si ella le pusiera las mismas ganas a lengua como le pone a gimnasia le iría bien”.

En casa buscábamos las formas de mejorar. Yo les  decía que se me cruzaban las letras y fuimos al oculista quien confirmó que tenía vista de águila. Para ejercitarme en la lectoescritura:  copiaba mil veces una letra o una palabra, leía usando una regla que marcaba el renglón y  repasaba una y otra vez en casa las lecturas o los cuentos para que en clases, cuando me tocara leer, los diga prácticamente de memoria.

El tiempo pasó y fui mejorando. Pero en la universidad me di cuenta, por mis apuntes, que armaba algunas palabras con sus letras desordenadas y recordé cuando hacia la “Ǝ ”. Y en algunos libros, dependiendo la tipografía y el tamaño,  todavía tengo que marcar la diferencia a la “q” y a la “g”.

Ahora parece gracioso, pero cuando pido un taxi por aplicación, podría alterar el orden de los números y terminar en la Junín 649 cuando mi destino era Junín 469. Por suerte mi dirección actual es capicúa y solo tengo recordar que tiene un 8 en el medio.

Después de años, descubrí que no era rara ni tonta para las letras, era la dislexia que me acompañó durante todo mi proceso de aprendizaje. Recién estoy conociendo un poco al respecto, pero les puedo adelantar que no está relacionada con la inteligencia. Hay diferentes tipos de dislexia y muchas personas ni se imaginan que la tienen. Además, es considerada como una de las principales causas de abandono escolar.
Para tratarla,es fundamental que la persona tenga actividades de socialización.

Hoy amo la lectura y me divierto escribiendo. Y cuando trabajo con niños y niñas, me gusta descubrirlos desde sus particularidades. Y recuerdo a esa niña que fui, para preguntarle a la profe soy: ¿qué estrategias vas a usar para abordar un mismo tema con estos niños y niñas respetando su diversidad?

Con el cuaderno dado vuelta,
M Ǝ L I И A

La salsa roja

Miro mi plato con fideos hervidos, aceite y algunas semillas, y no puedo evitar pensar que sería increíble que tenga una salsa roja. Aunque siempre dije que los fideos con salsa roja son mi plato favorito, sé que en realidad mi plato favorito son los fideos con la salsa roja que hace mi tía Marcela.

Sí, definitivamente. ¡La salsa roja de mi tía es la gloria!

La tía Marcela tiene la piel muy blanca y cuando yo era chica ella usaba el pelo rojo como su salsa y a mí me encantaba tanto, que un día me compré una peluca con rulos y roja como su pelo.

Tengo grabado en mi memoria el día que ella me enseñó a cortar un morrón. Tenía unos 10 u 11 años y estaba muy emocionada porque pensaba que iba a descubrir la magia que solo sus manos pueden hacer. Pero no, no fue ahí cuando descubrí el secreto.

Fue recién hace un par de semanas que recibí los detalles de su receta, paso por paso mediante fotos y mensajes escritos por ella. Toda la magia, ahora está guarda en mis mensajes de whatsapp. ¿Diganmé si no es hermosa?

Solo les compartiré que le pone vino y deja que se evapore el alcohol, y cuando levanta el hervor le agrega las especias, todo media cucharita. Siempre la acompañan dos o tres hojitas de laurel.

Siento que en su comida me abraza y que me entrega lo que ella es, puro amor.

Además de tener unas manos fuertes, amables, detallistas y creativas. Cuando la visito sus manos guardan con mucho cuidado uno de mis mayores miedos: “perder mi pasaporte y/o mi carnet de extranjería”. Ella sabe dónde están todas las cosas, por eso lo primero que hago cuando llego a Argentina, es darle mis documentos. Y cuando me estoy por ir está atenta para entregármelos y de paso me recuerda que no me olvide las bombachas en la soga.

Mi tía Marcela es la segunda de las dos hermanas de mi mamá. Las tres, Anitavelia, Marcela y mi Mamá, son los pilares de mi vida. En broma les digo: “¿Qué haría sin estas viejas?” Porque de verdad siempre recurro a ellas para todo: recetas, historias, recuerdos, rezos y consejos.

Ahora miro mis fideos sutiles, por no decir sin gusto, y me acuerdo del último verano que pasé en San Juan y de mi tía Marcela preguntándome:

  • ¿Qué querés que te haga de comer?
  • Fideos con Salsa, tía.
  • ¿Estás segura? ¿Otra vez fideos con salsa?

Y luego llegar al mediodía, con 40 grados a la sombra en pleno verano sanjuanino y ahí están ¡los fideos con salsa roja de mi tía Marcela!

(Foto de mi salsa hecha con la receta de la tía, sin dudas la magia está en sus manos)

Carta abierta para mis amigas

Florencia Quiroga, Luciana Romero, Noelia Salvatierra, Lourdes Pascal, Paula Herrero, Luciana Cano y Florencia Figueroa.

Estoy tomando un mate amargo y me es inevitable no desear que me lo haya cebado la Lu Romero. Las tardes de amigas se daban por lo general en su casa y ella nos cebaba los mates más prolijos y ricos. 

Pienso en sus mates, en su casa  y me las imagino a todas:  La Lu  sentada en la punta de la mesa me pasa un mate. Yo, lo tomo con cuidado escuchando los gritos de todas en un intento de conversación donde sobresale la risa alborotada de la Flor Figueroa, que cuando está feliz  habla dos tonos más altos que las demás.  Y se siente cómo va entrando el olor del cigarro que acaba de prender la Flor Quiroga apoyada en el marco de la puerta. Se le ve elegante  con las uñas de las manos pintadas del mismo color que sus botas. Tiene una mirada segura, parece que ya tomó la decisión de sacar el fernet que tiene enguillado en el baúl de su auto. La caja de cigarros que está en la mesa comienza a moverse: una mano blanca y larga con lunar  la maniobra, y logra sacarle dos cigarros.  Sí, es la mano de Lu Cano, que entre sus actos de solidaridad le regala  uno  a la flaca, Lourdes. La Flaqui es de movimientos rápidos y amplios. Ella solo quiere levantarse de la silla para ir a fumar, pero en su intento, termina volcando un vaso con agua en la mesa. Noelia, adivinando la situación aparece con un trapo amarillo, diciendo “acá no pasó nada“ y se encarga una vez más de la limpieza. Todas hablamos fuerte y al mismo tiempo. Menos la Pau, que es la más pausada y se la vé concentrada cortando el pan casero que hizo. Nos  reímos juntas  y Pau me pasa una rodaja de pan con dulce de leche ¿Qué rico, no?

El desarraigo y la distancia me han llevado a pensar que el tiempo es relativo y que no existe un día  puntual para celebrar el amor. Pero sin dudarlo, cada 20 de julio es una  hermosa oportunidad para  recordar todos los momentos compartidos. Porque cuando recordamos,  nuestro cuerpo y nuestra  mente experimentan, nuevamente, esas sensaciones y emociones por las cuales pasamos. Y a nosotras si hay algo que nos sobran: son las emociones que vivimos juntas.

En la adolescencia se generan vínculos que proporcionan seguridad. Y cuando pienso en eso, comprendo porqué a pesar de los años, del tiempo y las diferencias, siento tanta seguridad cuando estoy con ustedes.

Ahora que soy adulta puedo reconocer lo hermosas, fuertes y sensibles mujeres que son, si alguna vez no les hice sentir eso, les pido mis disculpas. 

Quiero agradecerles por estar y no estar, porque me hicieron descubrir que las personas están cuando pueden y muchas veces, cuando son convocadas.

Y hoy decido convocarlas en este audio,  para contarles que sus abrazos  dan el mismo calor en la presencia y en virtualidad. Y cada vez que las extraño, me cebo un mate y las vuelvo a recordar: risas, voces, cigarros, mates y fernet me invaden una vez más. 

Y ¡ahí están!, ustedes otra vez.