Marcos

No sé qué habré pensado cuando naciste. Sospecho que te miraba de lejos sin entender el movimiento de tus brazos y patitas gordas. Seguro observaba y no podía comprender cómo los mismos brazos que me calmaban, ahora, estaban ahí para calmarte a vos.

Con el tiempo fui entendiendo sobre el sentido de la palabra “Hermanos” y me recuerdo afirmando con fuerzas “él es mi hermano” y lo digo ahora en distintos tonos, para traer a mi memoria el sonido de la frase en las diferentes etapas de la vida:

De niños, entrabas a mi aula, te sentabas conmigo y yo le decía a la seño “él es mi hermano”. Como si no lo supiera. Luego,un poco más grandes, nos encontrábamos en alguna fiesta y varias personas me preguntaban si eras mi novio a lo que yo respondía “él es mi hermano”. Ahora cuando reenvio tus videos con música a mis amigas, les digo orgullosa “él es mi hermano”.

El tiempo pasa, la palabra persiste, pero cambia de sentido cada vez. Según el diccionario hermanos es ”Persona o animal, considerados con relación a otro, que es hijo de los mismos padres o al menos del mismo padre o de la misma madre”. Pero para mí fuiste mi gran compañero de juegos y aventuras, eso es antes que nada hermandad.

Jamás olvidaré cuando te acostaste sobre la mesa para dejarme que te dibujara todas las venas del cuerpo con diferentes lapiceras de colores. Vos estabas todo rayado y yo feliz, hasta que llegó la mamá.

Desde pequeña, admiro tu imaginación y convicción. En esas épocas, estabas convencido de encontrar un dinosaurio enterrado a la vuelta de la casa, fui testigo de tu riguroso trabajo de excavación para descubrir restos arqueológicos. Luego fué aprender guitarra, italiano, historia, dibujo, cerámica y practicabas en la casa mientas yo bailaba en el living o ensayaba textos en voz alta.

Las personas que te conocen, quizás piensen que no hablas mucho, pero yo estoy segura que el sonido de tu guitarra siempre fue la voz que sale de tu alma, el ritmo de tus emociones. Tus palabras son precisas, dichas con amor y respeto, incluso cuando estás enojado, admirable capacidad. Sentir tu voz cantada en el audio que me enviaste hace un par de semanas, fue una gran dosis de felicidad.

Tengo la dicha de disfrutar tu presencia, tan fuerte y amable, cuando manejo o simplemente cuando miramos el río. Y me gustaría poder disfrutarla más.

Por el momento, debo confesarte que en mis sueños, somos vecinos y que cada uno tiene una casa igualita, una al lado de la otra. En la tuya hay música y en la mía teatro, y compartimos el fondo, las plantas y el lavadero.

También proyecto que pronto pasemos un verano en nuestra querida pileta, esa misma que llenábamos de globos cuando éramos niños y luego se llenó de cervezas.

Cada vez que extraño tu presencia, tu voz aparece en mi cabeza y escucho la frase que me decías, esa misma que por ahí se volvía súplica cuando me mandaba una macana:
“Portate bien, Mel”

Y vuelvo a reír.

Tú hermana, que te ama.

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