Son las 6 de la mañana, hace calor y el sol está cada vez más presente. Recostada en la arena cierro y abro los ojos, hasta dejarlos entreabiertos. Siento el olor a sal y el fuerte sonido del mar. Unas gaviotas enormes vuelan sobre mí.
Con mi cuerpo entregado a la arena, miro el cielo por la rendijita de los ojos y veo a las nubes moverse rápidamente. Son de todos los tamaños y colores, parece que están de viaje. Todas son pasajeras y están camino al encuentro con el mar, allá a lo lejos donde ambos se unen.
Todo se ve inmenso y yo tan pequeña, que desde arriba, seguro no pueden distinguirme entre los granitos de la arena. Soy apenas un fragmento, soy algo tan chiquitito entre tanta inmensidad. Respiro profundo: soy sólo una parte del todo.
Desde la humedad de la arena, siento como si estuviera dentro una gran bola de cristal, parecida a las que se ven en las películas inglesas por la Navidad, pero esta es una Navidad latinoamericana.
Todo se mueve por su propia naturaleza y yo aunque intente quedarme quieta, siento el movimiento de mi corazón, el de mi respiración. Y me siento tan viva como ellos, como el mar, el cielo, las nubes viajeras y como la gaviota que no para de cantar.
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🌱(Postal de Calma)
( Texto creado en Mandarinas bajo el sol 🍊)🌱🌱🌱🌱🌱🌱🌱🌱
